Running, sexo y zoofilia [ o lo que siga ]

Running, sexo y zoofilia [ o lo que siga ]
Running, sexo y zoofilia [ o lo que siga ]

autor.: Maximiliano Pecas

Remitido el 19-03-15 a las 11:25:07 :: 1850 lecturas


Hola amigos permitid que me presente es mi nombre el de Tiffany y soy, o tal vez he sido, una mujer especialmente sensual. Hace algún tiempo que no estoy a gusto con mis formas y es por ello que he decidido adquirir el hábito del deporte. Por ello practico running. Bien.
Cierto día me encontraba sumida en mi nueva aficción cuando corrí cierto peligro puesto que fui abordada por un par de maleantes de grasa corporal mal distribuida e insufrible olor a ajo. Aquellos cerdos pretendían satisfacer sus apetitos carnales mediante mis apetecibles volúmenes según pude deducir de sus expresiones tan analfabetas como explícitas, expresiones que el pudor me lleva a omitir por respeto tanto hacia el lector como hacia mi misma. Dios mio, que podía hacer. Todo parecía conducirme a una fatalidad inevitable así que opté por bajarme la malla dándoles cumplido aviso de que podrían poseer mi trasero electrizante pero jamás mi corazón. Vencida la estupefacción de mi heroico gesto ambos se abalanzaron con sus fláccidos cacahuetes sobre mi abierto tragaluz del amor. Qué me iban a hacer. Por dónde iban a metérmela. Mas entonces de entre los bancales surgió Cimarrón un asno en celo. El cuadrúpedo desplomó sobre el primero de los maleantes el poder infinito de su polla. Un descomunal pepino que semejaba obra del diablo. Y en fracciones de segundo lo poseyó enteramente por detrás. Ante la contundencia de los hechos el otro agresor sexual optó por emprender la huida dando voces que apelaban al auxilio de su mama y a la asistencia de un psicólogo. Fue en vano. Cimarrón también se cebó en su pompis. Toma, toma y toma. Cerrados los capítulos uno y dos de esta apasionante serie confié en que el rocín repitiera en lo mío todo el destrozo que había protagonizado en lo de ellos. Pero no hubo capitulo tres. El asno estaba exhausto y todas sus esperanzas existenciales se cifraban en un par de zanahorias. Como un conejo. Como cualquier otro conejo, que no el mio.
Seguí corriendo hasta completar mi entrenamiento de aquel día pero fue una experiencia que no olvidaré. Ni ellos tampoco.
KONIEK.

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